Hay momentos en la vida en los que pareciera que todo se detiene. Momentos en los que las palabras sobran, las explicaciones no alcanzan y resulta muy difícil encontrar respuestas para lo que acaba de suceder.

Eso es lo que nos está pasando hoy a muchos colombianos.

Un terremoto no solamente mueve la tierra, también mueve nuestras emociones, nuestras certezas, nuestros planes y, en muchos casos, nuestra manera de entender la vida.

Hay familias que perdieron sus hogares, personas que perdieron seres queridos, negocios que dejaron de existir, sueños que, en cuestión de segundos, quedaron convertidos en escombros. Y frente a todo esto es perfectamente comprensible sentirnos alicaídos.

Lo que no podemos permitir es que estar alicaídos termine convirtiéndose en estar derrotados, porque son dos cosas muy diferentes.

Estar alicaído es una emoción. Estar derrotado es una decisión.

Y aunque no siempre podamos decidir lo que nos sucede, sí tenemos la posibilidad de decidir cómo lo asumimos. Esta es, quizás, una de las mayores expresiones del liderazgo interior. A lo largo de mi vida he aprendido que hay circunstancias que no podemos controlar, pero sí podemos controlar la actitud con la que las enfrentamos.

El pasado ya pasó y poco podemos hacer para modificarlo. El futuro todavía no existe y, por lo tanto, tampoco podemos controlarlo. Pero hay algo que sí está en nuestras manos: la manera como decidimos asumir el presente.

No se trata de negar el dolor. No se trata de decirle a quien perdió todo que tiene que ser fuerte o de pedirle a una familia que deje de llorar.

Se trata de entender que llorar no es rendirse, sentir miedo no es ser débil y necesitar ayuda no nos hace menos fuertes. Somos seres humanos, y precisamente nuestra humanidad es la que nos permite levantarnos.

Tal vez por eso las tragedias tienen una particularidad que pocas veces alcanzamos a comprender en medio del dolor, y es mostrarnos quiénes somos realmente.

Cuando todo está bien, es muy fácil hablar de solidaridad. Cuando las circunstancias son favorables, es sencillo decir que estamos dispuestos a ayudar. Pero es cuando la vida nos sacude cuando aparece el verdadero carácter.

Y ahí es donde vuelvo a una de las reflexiones que más me ha acompañado durante este recorrido: la diferencia no la marcan los cargos, la marca el carácter. Y hoy Colombia necesita carácter.

Necesita personas capaces de levantarse, pero también de ayudar a levantar a otros, necesita menos espectadores y más protagonistas, menos preguntas sobre quién debería hacerlo y más respuestas desde lo que cada uno puede hacer.

Porque reconstruir un país no es responsabilidad exclusiva de los gobiernos, de las empresas, de las instituciones o de quienes tienen mayores recursos. Es responsabilidad de todos. Cada uno desde su propia orilla, desde sus posibilidades, desde aquello que sabe hacer. De hecho, nos hemos encontrado con personas que quizás no tienen mucho, pero entienden que dar no siempre significa entregar lo que nos sobra; muchas veces significa compartir lo que tenemos. 

Hoy Colombia necesita reconstruir mucho más que casas, calles y negocios. Necesita reconstruir sueños, confianza y tranquilidad. Y para hacerlo necesitaremos algo que no se consigue en una ferretería, ni se compra con dinero, necesitamos esperanza.

Pero la esperanza, para que sirva, tiene que dejar de ser una palabra bonita y convertirse en acción, porque cuando cada uno hace lo que está en sus manos, entre todos podemos hacer aquello que individualmente parecería imposible.

Porque al final, quizás de eso se trate marcar la diferencia. No de hacer cosas extraordinarias, sino de hacer, de manera extraordinaria, aquello que nos corresponde.

Porque mientras haya una persona dispuesta a tenderle la mano a otra, habrá esperanza, mientras haya alguien dispuesto a servir, habrá futuro, mientras haya colombianos dispuestos a reconstruir juntos, habrá país. Y mientras conservemos la capacidad de levantarnos después de cada caída, ninguna tragedia tendrá la última palabra. Colombia se va a levantar.

Luis Guillermo Buitrago Castro

Comunicación Estratégica y Liderazgo

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